José González “Ronin”
Así fue Oleksandr Usyk.
Sin pedir permiso.
Sin vender humo.
Con esa calma que no es paz… es amenaza.
Crimea. Calles sin maquillaje.
Ahí no aprendes “estilo”.
Aprendes resistencia.
Usyk no creció pensando en cinturones.
Creció pensando en una sola cosa: no quebrarse.
Porque en los lugares duros, el que duda… paga.
Hay boxeadores que salen a “pelear”.
Usyk sale a ocupar.
Te empuja un paso atrás sin tocarte.
Te roba el centro con la mirada.
Y cuando decides “ahora sí voy”… ya estás tarde.
No es que se mueva bonito.
Se mueve para que tu golpe salga solo…y tu defensa llegue acompañada de miedo.
Usyk tiene una virtud rara: no solo te gana el round… te gana el plan.
Te muestra una cosa.
Te vende una lectura.
Te deja creer que lo entendiste.
Y cuando repites lo que crees que funciona…te castiga por obediente.
Porque el rival no es tu oponente: es tu confianza.
Londres 2012.
Antes de la fama. Antes del negocio.
Antes de que el mundo lo llamara “genio”.
En la final olímpica del peso pesado (91 kg) le ganó a Clemente Russo por 14–11.
Ese oro no fue un trofeo.
Fue un aviso: cuando Usyk encuentra el ritmo… se acabó la conversación.
Muchos pasan a profesional y se vuelven “promesa”.
Usyk pasó y se volvió problema.
Porque su boxeo no es de un golpe.
Es de acumulación.
De castigo paciente.
De desgaste mental.
Te pega, te hace fallar, te vuelve a pegar…
y cuando intentas “ganarte el respeto”…te hace ver desesperado.
En el peso crucero no se hizo famoso por nocauts virales.
Se hizo famoso por algo peor para el rival: hacerte sentir inferior.
Y cuando llegó la noche grande, no improvisó.
Dictó.
En 2018, contra Murat Gassiev, dio una lección para la historia y ganó por decisión unánime con tarjetas 120–108, 119–109 y 119–109, unificando todo.
Eso no fue “una victoria”.
Eso fue una dominación.
Porque sí: Usyk también puede ser cruel.
En 2018, ante Tony Bellew, lo paró en el octavo asalto.
La pelea venía incómoda, tensa, tramposa… hasta que Usyk decidió que ya había durado suficiente.
Y cuando lo decidió, lo cerró como se cierran las cosas serias: sin drama, con violencia limpia.
En pesados te dicen: “aquí manda el tamaño”.
Usyk escuchó eso… y lo convirtió en anzuelo.
Porque el grande se acostumbra a que el pequeño se intimide.
Y cuando no pasa…el grande se queda sin guion.
Usyk subió no para sobrevivir.
Subió para demostrar que el tamaño también se puede volver un error.
Antes de los reyes, primero el martillo.
Contra Derek Chisora aceptó el tipo de pelea que te envejece: presión, clinch, peso encima, golpes abajo.
Y aun así ganó por decisión unánime.
Ahí se vio algo clave:
Usyk no es “delicado”.
Usyk es incómodo.
Tottenham. 2021.
Un campeón físico. Un estadio lleno.
Y un retador que no parece pesado… hasta que te obliga a perseguirlo.
Usyk le ganó a Anthony Joshua por decisión unánime: 117–112, 116–112, 115–113.
No fue sorpresa por suerte.
Fue sorpresa por claridad: Joshua no “perdió un combate”.
Perdió el control.
La revancha fue distinta.
Más dura. Más física. Más tensa.
Y aun así, Usyk volvió a ganar por decisión dividida:
dos jueces 115–113 y 116–112 para Usyk.
Ahí Usyk confirmó algo que separa a los grandes del resto: cuando el rival sube el volumen…
él sube la precisión.
En 2022, cuando su país fue invadido, Usyk se unió a la defensa territorial en Kyiv.
Eso cambia a un hombre.
Y se nota.
Porque hay boxeadores que entran al ring con hambre.
Usyk entró muchas veces con algo más frío: determinación.
Mayo de 2024.
Contra Tyson Fury.
El tamaño, el show, la maña.
Y Usyk le quitó todo eso con una sola herramienta: ritmo + presión + convicción.
Ganó por decisión dividida (115–112 y 114–113 para Usyk; 114–113 para Fury).
Esa pelea tuvo un mensaje para toda la división: si no puedes frenar a un tipo más pequeño…
entonces no eres el grande, eres el lento.
Diciembre de 2024.
La revancha.
El “ajuste”.
La narrativa de que ahora sí…
Y otra vez: Usyk.
Ganó por decisión unánime, 116–112 en las tres tarjetas.
Y ahí se acabó la duda.
Porque una vez puede ser “competitivo”.
Dos veces es patrón.
Julio de 2025. Wembley.
Gente, presión, historia en el aire.
Y Usyk lo cerró como lo cierran los campeones que ya no necesitan convencer a nadie:
nocaut en el quinto asalto sobre Daniel Dubois.
Ese fue el golpe que resume su carrera: técnica primero… y cuando ya estás roto por dentro,
la potencia aparece como sentencia.
Que el tamaño no manda si el cerebro está entrenado.
Que el campeón no es el que habla más… es el que te obliga a callar.
Que el ring no se comparte: se toma.
Y que hay hombres que levantan cinturones…
…y otros que levantan el estándar del deporte.
“Antes de ser campeón, Usyk aprendió a no perder.”
FUERZA, HONOR Y MUCHO BOXEO